Descubren monedas del siglo XVIII, piezas de ajedrez y estructuras antiguas durante las excavaciones en un inmueble recuperado en Monserrat.
Las excavaciones arqueológicas en la Casa Blaquier, situada en Defensa 163, han sacado a la luz valiosos objetos y estructuras antiguas. Entre los descubrimientos más destacados se encuentran dos monedas coloniales llamadas macuquinas, fechadas en 1743 y 1749, y una pieza de ajedrez tallada en hueso. Los trabajos, iniciados en marzo tras la recuperación del inmueble por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri, buscan reconstruir las distintas fases de ocupación de este predio vinculado a los orígenes de la ciudad.
Hasta la fecha, las investigaciones han permitido identificar cinco estructuras correspondientes a diferentes etapas históricas, entre las que figuran una letrina, un sumidero, pozos de descarte y una cisterna aún sin excavar. Asimismo, se han recuperado más de 4.000 fragmentos de mayólica, porcelana, cerámica, vidrio y artículos de uso cotidiano. El hallazgo de pipas de caolín, canicas, cuentas, botones y restos óseos de aves y peces ofrece información directa sobre las costumbres domésticas y la alimentación de los antiguos residentes.
Estructuras hidráulicas y tecnología en el subsuelo
Los trabajos sobre el terreno incluyen la intervención de un equipo multidisciplinario de arqueólogos y paleontólogos. La letrina detectada, de 1,82 metros de largo por un metro de ancho, fue construida con ladrillos unidos con barro y alcanza los seis metros de profundidad. En los primeros dos metros de este conducto se concentró gran parte del material arqueológico extraído.
Además, se identificó un sumidero de aguas servidas de mayores dimensiones, cubierto por una bóveda de ladrillo que canalizaba los desechos procedentes de la cocina. Por su parte, la cisterna del inmueble conserva agua en su interior y presenta al menos cinco metros de separación entre el brocal y la superficie acuática, aunque su excavación se encuentra pendiente debido a las complejas construcciones posteriores que se erigieron sobre ella.
Para estudiar el subsuelo sin realizar intervenciones destructivas inmediatas, la Dirección General de Antropología Urbana empleó tecnología de georradar. Este equipamiento ha permitido trazar mapas subterráneos para ubicar paredes y conductos. El estudio integral de estas infraestructuras aportará datos sobre los métodos de saneamiento y suministro de agua previos a la implementación de la red de agua corriente.
Numismática y piezas artesanales del período colonial e independiente
Entre el conjunto de objetos recuperados sobresalen las macuquinas, monedas elaboradas a golpe de martillo de manera artesanal en cecas coloniales como Lima o Potosí. Una de ellas corresponde al valor de un real, mientras que la segunda se encuentra en proceso de análisis exhaustivo. La estratigrafía del hallazgo sitúa estas piezas en el siglo XVIII, época en la que la propiedad pertenecía a Lucía de Herrera.
Otro de los objetos singulares es la figura de ajedrez fabricada en hueso mediante un sistema de dos piezas encastrables. Tallada presuntamente durante el siglo XIX, su factura remite al estilo de Dieppe, localidad francesa famosa por sus artefactos en hueso y marfil. La pieza representa a un soldado y los investigadores evalúan su posible vinculación simbólica o histórica con el Regimiento de Pardos y Morenos, cuerpo militar integrado por libertos y mulatos durante las guerras de la Independencia.
Todos los elementos extraídos atraviesan un proceso sistemático de limpieza, registro fotográfico, catalogación y conservación. Una vez finalizados estos procedimientos, las piezas se incorporarán al acervo arqueológico gestionado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad.
Trayectoria histórica del terreno desde 1580
La relevancia del predio ubicado en el barrio de Monserrat radica en su continuidad histórica. Su origen formal se remonta a 1580, cuando Juan de Garay adjudicó el solar a Alonso Escobar, miembro de la expedición fundacional de Buenos Aires. Aunque las primeras construcciones de madera, adobe y paja no sobrevivieron, sus marcas permanecen en las capas geológicas inferiores de la parcela.
Durante el siglo XVIII, el terreno estuvo ligado a la Compañía de Jesús antes de pasar a manos de Lucía de Herrera y Esteban Villanueva, período en el cual se levantó una de las primeras edificaciones de dos plantas del área. En el transcurso del siglo XIX, la edificación albergó diversos usos residenciales, comerciales e industriales, sirviendo también como vivienda multifamiliar para las primeras olas migratorias.
En 1925, José Blaquier adquirió el inmueble para reestructurarlo como vivienda colectiva articulada mediante patios y unidades privadas. Posteriormente, en 1954, la antigua Municipalidad compró la estructura junto con el edificio adyacente, los Altos de Elorriaga. Tras funcionar con comercios y establecimientos gastronómicos, la propiedad sufrió un proceso de ocupación irregular que se extendió durante cuatro décadas, desde los años ochenta hasta su restitución definitiva a la administración municipal en julio de 2025.
Fuente y fotos: Prensa Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires







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